PARA ESTO VIVO

PARA ESTO VIVOCarlos Cuauhtémoc Sánchez

¿Has notado como muchos de nosotros decimos con asombro “que rápido se fue este año”?

El tiempo pasó volando, porque vivimos ocupados y preocupados. Nuestras mentes no descansan. Nos cuesta mucho trabajo hacer una pausa y disfrutar el momento presente.

Hace unos meses, en la víspera de un viaje a Sudamérica, mi hija de dieciséis años me invitó a tomar un café a solas. Yo, en realidad no podía darme ese lujo porque estaba trabajando en una enorme lista de asuntos pendientes, casi todos de urgencia, pero como tampoco fui capaz de rechazar la invitación de mi pequeña, pensé para mis adentros que tomaría el café con ella rápido y continuaría con mi lista.

Pero ocurrió algo extraño.

Cuando estaba frente a ella, la observé, la sentí, la escuché (No paraba de hablar). Me contaba sobre sus problemas en la escuela; sobre sus sueños, sus retos, sus convicciones, sus tristezas, sus alegrías, amores, desamores. ¡Abría su corazón conmigo! ¡Confiaba en mí! Más que esperar un consejo, deseaba sentir mi compañía… Y yo la escuché callado. Sin decir nada durante varios minutos. Que delicioso fue. Entonces, de pronto, sin que pudiera prevenirlo, sentí un nudo en la garganta y mis ojos se llenaron de lágrimas. Ella me preguntó qué pasaba y yo simplemente le dije “continua”. Mi teléfono celular sonó (otra vez). Miré la pantalla. Había gente esperándome en la oficina. No quise contestar. Apagué el teléfono. Recargué los codos en la mesa, sosteniendo mi cabeza como alguien que ha encontrado el mejor paisaje del mundo y contemplé a mi hija. Pensé ¡Para esto vivo! Para estar con ella. Para poder disfrutarla, escucharla, acompañarla. Me di cuenta por un instante cuán errados estamos al perseguir siempre asuntos de dinero y trabajo, dejando pasar los momentos más bellos de nuestra existencia, enceguecidos por las infinitas ocupaciones.

Cancelé mi trabajo de ese día y decidí pasar la tarde con mi hija. Hubo gente molesta con mi decisión. Recibí algunos reproches. Al día siguiente me fui de viaje a Sudamérica dejando varios asuntos pendientes, Después, todos salieron adelante, y el mundo no se acabó. Pero jamás he olvidado esa tarde.

Aunque la computadora nos ha hecho más productivos, también nos ha esclavizado. Llevamos la oficina a la casa y en las tardes, noches y días festivos, trabajamos. Incluso viajamos llevando la computadora para terminar los asuntitos pendientes.

No lo hagas.

No hoy.

Disfruta a tu familia.

Después de leer este boletín, quiero hacerte una sugerencia.

Desacelera.

Apaga la computadora y ve a reunirte con las personas que amas.

Te necesitan más de lo que crees.

Se sienten más solas de lo que imaginas.

Ya ves. Se termina otro año ¡Y se nos va tan rápido!

Es momento de observar los paisajes, admirar los milagros, regresar a tu fe, volver a hablar con Dios apasionadamente, decirle cuánto lo amas y le agradeces…

Es momento de volver a sentir un nudo en la garganta contemplando la belleza de tu familia y decir…

Para esto vivo.

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